Dormir bien también es parte de estudiar

Cómo el estrés y el cambio de hora afectan a los estudiantes

 

El inicio de un nuevo semestre trae consigo desafíos académicos, cambios en la rutina y nuevas exigencias. A esto se suma un factor que muchas veces pasa desapercibido: el descanso. En este contexto, el pasado cambio de hora que implicó el retraso de hora, puede influir directamente en los hábitos de sueño, afectando la concentración, el bienestar y el rendimiento de los estudiantes.

Para comprender mejor este fenómeno, conversamos con la Dra. Alejandra Guzmán Castillo, académica de la Facultad de Medicina UCSC y especialista en el estudio del estrés en población universitaria, quien entrega una mirada clara sobre la relación entre estrés, sueño y vida académica.

 

Al comenzar un nuevo semestre, es común sentir estrés o ansiedad. ¿Por qué ocurre esto desde un punto de vista biológico y emocional?

El estrés es una respuesta natural de adaptación frente a situaciones nuevas o exigentes. Cuando iniciamos un nuevo semestre, nos enfrentamos a cambios en la rutina, nuevas responsabilidades y expectativas académicas. Todo esto activa en nuestro organismo un estado de alerta que nos prepara para responder a estas demandas.

Esta respuesta no es solo mental, sino que involucra también aspectos físicos y emocionales. Frente a este tipo de situaciones, pueden aparecer pensamientos asociados a la exigencia académica, junto con manifestaciones físicas como insomnio, tensión muscular o cansancio, y reacciones emocionales como irritabilidad o ansiedad.

 

¿Qué efectos tiene el estrés académico en el cuerpo y en el cerebro de los estudiantes?

El estrés académico puede manifestarse de diversas formas. A nivel físico, es común experimentar insomnio, cansancio persistente, tensión muscular, dolores de cabeza o cambios en el apetito. Es decir, no solo se experimenta como una sensación mental de agobio, sino también como una respuesta física concreta.

A nivel cerebral, el cerebro comienza a priorizar aquellas funciones que le permiten responder a lo que percibe como urgente, entrando en un estado de alerta. Si bien este mecanismo puede ser útil en momentos puntuales, cuando se mantiene en el tiempo puede afectar funciones esenciales como el descanso, la regulación emocional, la concentración y la toma de decisiones.

 

Dormir poco suele normalizarse en la vida universitaria. ¿Qué tan importante es el sueño en este contexto?

Dormir bien no es algo irrelevante, es una necesidad. Durante el sueño, el organismo puede recuperarse y volver a su equilibrio, tanto en lo biológico como en lo emocional y cognitivo.

Cuando una persona está sometida a estrés, el cuerpo y el cerebro permanecen en un estado de mayor activación. Si además se descansa mal, esta recuperación no ocurre de manera adecuada, lo que aumenta la vulnerabilidad al estrés.

 

¿Qué consecuencias puede tener no dormir bien de forma sostenida?

Dormir cumple un papel fundamental en procesos cognitivos clave para los estudiantes, especialmente en la memoria. Gran parte de lo que aprendemos durante el día se consolida mientras dormimos.

Por lo tanto, dormir mal no solo afecta el bienestar general, sino también la capacidad de aprender, concentrarse y rendir académicamente. En este sentido, descansar no quita tiempo de estudio, sino que forma parte del proceso de aprendizaje.

 

¿Existen señales de alerta que indiquen que el estrés o la falta de descanso están afectando nuestra salud?

Existen diversas señales que es importante considerar. Una de las más relevantes es la alteración del sueño, como dificultad para quedarse dormido, despertares frecuentes o sensación de no haber descansado bien.

También pueden presentarse cambios en el apetito o una disminución en el interés por actividades que antes resultaban satisfactorias. Estas señales deben entenderse como una invitación a detenerse, revisar lo que está ocurriendo y buscar formas de regular el estrés antes de que afecte la salud de manera más significativa.

 

Desde su experiencia, ¿qué hábitos concretos pueden ayudar a los estudiantes a manejar mejor el estrés y mejorar su descanso?

La planificación es una de las herramientas más importantes. Organizar el tiempo, anticiparse a las evaluaciones y establecer metas alcanzables permite disminuir la sensación de agobio.

También es clave aprender a priorizar, entendiendo que no siempre es posible responder a todo al mismo tiempo. Mantener espacios de descanso, vínculos personales y actividades que generen bienestar también contribuye al cuidado de la salud mental.

A esto se suman hábitos como una adecuada alimentación, la actividad física y espacios de reflexión personal, que pueden actuar como factores protectores frente al estrés.

 

Finalmente, ¿qué mensaje le daría a quienes están comenzando este semestre y sienten que todo puede ser abrumador?

No es necesario hacerlo todo perfecto. Es importante comprender que adaptarse a un nuevo semestre toma tiempo y que cada proceso es distinto.

También es fundamental aprender a cuidar la propia energía, establecer límites y reconocer que los momentos difíciles no son permanentes. Comenzar un semestre no exige perfección, sino paciencia, flexibilidad y la capacidad de avanzar paso a paso.

 

Más que un cambio de hora

El cambio de hora implica un ajuste en los ritmos biológicos del cuerpo, lo que puede afectar el sueño y la sensación de energía. En combinación con el inicio del semestre, este ajuste puede intensificar el cansancio o la sensación de desorganización.

Comprender la importancia del descanso y generar hábitos saludables no solo mejora el rendimiento académico, sino que también permite enfrentar de mejor manera los desafíos de la vida universitaria.